Atención, chicas, la edición portuguesa de Vogue advierte que esta temporada —como por otro lado viene siendo habitual en los últimos 25 años, ya ves tú qué novedad—, la tendencia es imitar a las “Rainhas do Drama”. O lo que es lo mismo, convertirse en una drama-queen por obra y gracia del maquillaje (por un tubo), las pestañas postizas, los topolinos (plataformón al poder), las trenzas ceñidas al cráneo como una corona de espinas pilosa y la falda tubo. Vamos, que Bette Davis es lo más y Dita Von Teese, su profeta en versión brunette.
Así que, chicas, si lo que queréis es estar a la última, estudiad la biografía de la divina Bette de cabo a rabo. Ella era muy de cabo (y no Cañaveral, precisamente), pero sobre todo muy de rabo. Y es que, como le dijo la propia Bette a su hija: “Los hombres son… repugnantes. Ya lo verás”. [Y que lo digas, Bette, y que lo digas] Así acabó, la pobre: más sola que la una, borracha perdida, fumando a escondidas y dependiendo de la típica secretaria-vampira-trepa (su última personal-assistant dejaba a Eva Harrington a la altura del betún de Judea), porque su hija no perdía la ocasión de ponerla a caer de un burro, especialmente si mediaba un contrato editorial millonario. Y es que, por lo visto, la hija, angelito, le salió un poco mojigata y, entre plegaria atendida y plegaria atendida —los hijos, ay, qué bendición, ¿verdad?—, encontró tiempo de escribir dos biografías del tipo Querídisima mamá. O sea, el típico libro-revancha de hija anulada que hace que, inmediatamente, todas tus simpatías se decanten por la madre desnaturalizada. ¿Que tu madre es una perra? ¿Y qué esperabas, bonita?
Ya sabéis, chicas. Antes de encender un cigarrillo, antes de meteros un whiskazo entre pecho y espalda, antes de achicharraros los labios con una llamarada de rouge (por fuera), reflexionad: “¿En serio quiero acabar como la divina Bette?”
Moraleja: Si Saturno devoró a sus hijos, ¿por qué Ella no lo hizo?

Para no pasar a la Historia como Saturnina Davis. Too Much Almodovar.